¡Es la cola, madre, la del huracán! Se desprende desde arriba. Y cuelga. Cuelga como arete de embudo que trae tempestades; aunque todos
comparen, aquello que ven, con el dedo de una mano negra presionando los botones.
Cuelga, al que se oponga...
¡Es la cola, madre, la del huracán! El cálamo de los tiempos
que escribe la historia que nadie entiende, que se va muriendo presa de su
propio caos. Ya va saliendo, hasta dicen que va huyendo a trompicones pues no
encuentra la salida.
Cola que cuelga y tropieza.
¡Es la cola, madre, la del huracán! Que se fue formando entre
los escombros de cada uno de sus tropiezos, mientras animaba escorias con ropas
de hombres.
Cola que cuelga y tropieza entre repugnantes ánimas de hombres escoria.
¡Es la cola, madre, la del huracán! Fue el miedo el que no les
dejó ver la ilusión y ahora ellos son la cola. Si madre, cola y cabezas de
hombres que boquiabiertos idolatraron su aparente magnificencia. Alborotados, hombres
nuevos, malogrados.
Cola que cuelga y tropieza entre repugnantes ánimas de hombres nuevos, escoria que ahora son cabeza y cola.
¡Es la cola, madre, la del huracán! Y, si la creación de Dios,
sembró en el hombre albedríos frágiles y confusos, es de tontos creer que un
hombre pueda hacer mejores hombres. Hombres nuevos…
Cola que cuelga vuelta esperma de huracanes...
¡Es la cola, madre, la del huracán!

